Estática

Me gusta creer, en este momento en el que no logro verme la luz, que el resto será más fácil. Siempre hay nuevos pisos desde dónde caer, por supuesto, pero hasta para tener mala suerte se requiere un poco de buena suerte.

Y es que es distinto que otras veces. No creo que el mundo se esté acabando, por el contrario, veo al mundo moviéndose lento como una babosa, ciego y amoral. Veo al mundo moviéndose y yo aquí, sin poder escuchar el latido de mi propio corazón. Es sólo eso: una sordera y la espesura del tiempo.

Luego me asomo por la ventana. Escribo cartas que nunca mando, hablo con mis fantasmas antes de ir a dormir, saco a la perra y dejo que le dé cuerda al día. Soy lo contrario a una suicida y eso también me consume la vida.

No diré que no sigo anhelando un desenlace distinto –abrazo, palabra, risa, redención–, pero con o sin éste la babosa seguirá andando y tarde o temprano esta historia terminará por desbordarse. Cuando eso suceda, espero estar lista para devenir otra y sostenerme en pie pese a mí, pese a ti, pese al mundo. Y entonces sí, empezar a escuchar.

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