Las novias de los chicos Cumbres

Mis alumnas son buenas personas. Parece que lo tengo que aclarar a menudo porque son niñas de clase alta que asisten a un colegio de monjas y —sobra decirlo— no tienen buena fama. No sólo eso: mis alumnas son las que acaban con esos muchachitos del video del Cumbres, a quienes por cierto planean llevar a su graduación. Son niñas acostumbradas a que les paguen la cuenta, las recojan en su casa y nunca las vean sin maquillaje. Y son niñas, también, llenas de ansiedad: se la viven saltando de dieta en dieta y planeando obsesivamente la ropa que usarán el fin de semana cuando salgan de fiesta, pues están convencidas de que la única forma de ser queridas es ser perfectas.
Para ellas, los hombres son un ser mitológico. No podría ser de otra manera: tanto piensan en ellos y tan poco los conocen. Mientras que entre ellas pueden trabajar por una meta en común (un trabajo en equipo para una clase, por ejemplo), nunca han tenido la necesidad de hacer lo mismo con un hombre y, por lo mismo, creen que la meta es el hombre, de manera que toda conversación, gesto de amabilidad o plan inofensivo queda reducido a una sola pregunta por contestar: ¿Me gusta, le gusto o le gusta a alguna de mis amigas?
Con esto en mente, supongo que si los niños del Cumbres fueran mis alumnos, también podría llegar a decir que son buenas personas. La sintomatología no es tan distinta. La única gran diferencia es que el ser mitológico “mujer” que ellos han introyectado lleva encima seis siglos de opresión. Las mujeres del famoso video son evaluadas unilateralmente y bajo criterios exclusivamente estéticos (a ver, por qué no mejor que ellos pasen al frente y nosotras les decimos si los aprobamos); en cierto punto, una de ellas se pone a llorar, ante lo cual ellos reaccionan con desdén (obvio, porque las mujeres somos unas locas) y encima parece lógico que todas compitan entre sí por su atención (sólo les faltó una catfight).
Cuando lo hablé en el salón de clase, no faltó quien los exculpó: no se trataba más que de una broma mal entendida, una autoparodia. Seguramente. ¿Pero en qué momento el humor deja de ser mero humor y se convierte en un mecanismo más de reproducción de poder? El problema no es el humor sino la secreta convicción de que así es o al menos así debería de ser.
Lo que me preocupa, cuando hablo con mis alumnas, es que por tanto tratar el tema de género abstractamente, comiencen a concebirse a sí mismas de igual manera y den por sentado que ellas son lo que les han dicho que son “las mujeres” (viejas inestables que hay que mantener contentas a costa de condescendencia y flores) sin detenerse un segundo a mirarse en el espejo e identificar cuáles son sus verdaderas motivaciones.
La tendencia a pensar abstractamente (es decir, a heredar una idea y reproducirla sin ponderar su pertinencia) nos aleja de las cosas, nos impide verlas —ya lo había dicho Hegel un par de siglos atrás—, pero resulta todavía más crítico cuando también nos aleja de nosotros mismos, dejándonos a merced de una ideología injusta y dispar.
Lo que me preocupa es que mis alumnas en serio puedan afirmar sin titubeos que es mejor partido el chico indolente del Audi que el chico sensible que les sugiere dividir la cuenta; que se sientan humilladas (y en consecuencia humillables) por asistir a un evento social con unos kilos de más mientras que los orangutanes que las cortejan presumen su panza chelera y se tiran pedos en ese mismo evento.
Hace falta distinguir: una cosa es embellecernos para el otro, perfeccionarnos para él, lo que puede ser muy valioso (¿no es el amor, en última instancia, un pretexto para ser mejores, la puesta en escena de un ideal?) y otra muy distinta es darle la autorización para juzgarnos. Por eso es tan alarmante el tan citado video, porque alimenta el círculo vicioso: mientras ellos, desde su petulancia, consideran normal juzgar y discriminar a las mujeres, mis alumnas —sus potenciales parejas— se matan de hambre para no ser ésas que se queden sin invitación.

@nereisima

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59 pensamientos en “Las novias de los chicos Cumbres

  1. “…una cosa es embellecernos para el otro, perfeccionarnos para él, lo que puede ser muy valioso (¿no es el amor, en última instancia, un pretexto para ser mejores, la puesta en escena de un ideal?)…”

    ¡¿Que?!

    Yo creo que ahí empieza el problema… el amor no es para el otro, el amor es para uno mismo, uno no puede dar lo que no tiene y esto empieza por amarse a si mismo. Uno no se “embellece”, uno no se educa o uno no se hace mejor persona por alguien más si no por uno mismo. Hacerlo por alguien más me parece equivocado. En cuanto a que alguien más nos juzgue, olvídalo, nadie ocupa tu autorización para hacerlo, eso siempre va a pasar y es aquí donde cobra relevancia el hacer las cosas por uno mismo. Si tu haces las cosas por ti mismo, ahora si que la gente diga lo que quiera, eso no va a cambiar nada.

    Por otro lado, ¿las alumnas son buenas personas?… híjole, son ignorantes no por sus circunstancias si no por convicción y felizmente perpetúan estereotipos y actitudes que las denigran como personas pero que resultan cómodos. No son incapaces de cuestionar su entorno, simplemente deciden no hacerlo. Alguien les vendió la idea, si, pero ellas la compraron sin problemas y no tienen ninguna intención de cambiarla.

    No las veo como víctimas, las veo como cómplices y que conste que no le quito ni un gramo de culpa a los guerquillos de IC, padres y maestros.

    • En el fondo es el individualismo que defiendes en tu comentario, esa ideología tan arraigada en nuestra sociedad de “hacer las cosas por uno mismo”, lo que se refleja tanto en el video como en las conductas reales de quienes aparecen representados, sin distancia autoparódica, en él.

      La autora de esta esta entrada tiene razón, y no deja lugar a ambigüedades (por ello no entiendo tu interpretación equívoca de sus palabras): embellecernos para el otro, perfeccionarnos para él quiere decir perfeccionarnos, a la vez que tenemos a un otro, no cualquiera, uno que puede representar un ideal de belleza, de justicia y de amor, que funciona como mediador de ese perfeccionamiento. Perfeccionarnos, tendríamos que decir para ser más precisos, CON EL OTRO, JUNTO CON EL OTRO, lejos de las autocomplacencias narcisistas que tanto daño le están haciendo al tejido social en Occidente.

      Sobre cuestiones afines comparto lo siguiente:

      1) https://leonardomoncada.wordpress.com/2015/03/12/sobre-el-alarde-de-ser-mujer-y-lo-que-sea/

      2) https://leonardomoncada.wordpress.com/2015/04/05/las-mil-y-una-noches-y-las-muertas-de-juarez/

      Saludos.

      • No creo que el individualismo sea algo que estas personas tengan peligro de padecer. Al contrario, todos parecen bastante homogéneos.

        Mi comentario va en relacion a la falta de autoestima y a la necesidad de la validacion externa. ¿Tu crees que una persona con una sana autoestima y que no busque la aceptación y el halago de sus pares se prestaria a protagonizar un video asi?

        A mi me parece que el miedo a ser diferente y buscar la aceptación de un grupo es lo que provoca este tipo de expresiones y las referidas por las alumnas de la autora.

        Si a eso le pones encima que hay que agradarle al tipito en turno, en base a lo que el (es decir, el grupo al cual quiere pertenecer) piensa que es mejor, no es dificil entender porque vemos a las chicas compitiendo por la atencion de 5 patansitos.

        Ahora bien, una chica madura, conciente de su individualidad y con un autoconocimiento suficiente como para saber sus puntos buenos y malos y que toma cartas en el asunto para acentuar los buenos y mejorar los malos por si misma, no va a esperar/necesitar de “el amor, una puesta en escena de un ideal”. Al contrario, esa persona se acepta como es y tiene una motivacion interna para buscar ser mejor persona, lo que no significa que sea egoista o narcisista, tan solo maduros.

        A mi me parece poco probable que los niños y las niñas del video y las esculas tengan esa madurez.

        • No estoy segura de que necesariamente haya una oposición real entre trabajar tus contenidos (tus defectos o puntos débiles) por ti mismo, porque para ti tiene sentido, y ver en el otro una invitación para mejorar. ¿O de verdad nunca te has querido ver guapo para alguien, por ejemplo?
          Eso no quiere decir que tengas que adoptar irreflexivamente los criterios del otro sobre lo que es “bueno” o “deseable”, ni que le vayas a dar la autoridad para imponértelos, por eso hago la distinción entre querer ser mejor para el otro y darle a éste el poder de juzgarte.
          Entiendo tu punto y concuerdo en que, con o sin otro, uno tiene que trabajarse, pero me parece un poco ingenuo creer que ese proceso se da sin referente alguno.

    • Yo creo que lo dice de una forma muy lógica y hasta sana. La dignidad y el amor no surge esporádicamente en uno ni nace en la dependencia del otro.
      A mi me sino lógico eso de “embellecernos” para otro, desde esa maravilla de encontrar alguien que nos recuerde a lo mejor que tenemos nosotros mismos.

  2. Pingback: El género se aprende, se hereda y se transforma. | Conocimiento y cultura

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