Notas al pie

Whitehead afirmaba que la filosofía occidental no era más que una serie de notas a pie de página de la filosofía de Platón. Conmueve imaginarlo: generaciones enteras de filósofos produciendo, a la luz de una vela o un foco lúgubre, cientos de miles de páginas que sólo pretenden aclarar algo.
Presiento que algo similar ocurre en el amor: nos encontramos y desencontramos a lo largo de los años, platicamos debajo de las sábanas, viendo a la ventana o fumando compartido en un bar ruidoso; nos miramos como quien se mira a sí mismo al mirar al otro y mientras cae la noche esperamos, sin esperar, aquel instante en que aparezca el destello primigenio, la esperanza de antaño, la aclaración pertinente o el revire dialógico que nos permita rezurcir una vez más el sentido y ampliar el repertorio de qués, de cómos, de porqués.
Pienso en aquellos íconos de la historia que supieron hacerse daño: Sartre y Beauvoir, Kahlo y Rivera o quienquiera que sea, ¿no eran todas sus obras, todos sus desgarros, sus gritos, notas al pie de una intuición breve? Quizá nuestro único pecado sea ser hijos del tiempo y estar condenados a olvidar, continuamente, la sabiduría del instante.

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