Tautología de vivir

¿Por qué todo lo que existe existe?
Porque existe.
Tolstoi.

I.
Un niño atraviesa la plaza arrastrando los pies. Preguntarle por qué lo hace sería no entender. Quizá está aprovechando la delgadez de la suela de sus zapatos para sentir las irregularidades del piso, o tal vez imagina que está patinando sobre hielo y que de sus pies salen dos afiladas cuchillas. Tal vez le entretiene el sonido rítmico como de escoba o quiere provocar a su padre, a quien siempre le ha fastidiado que no camine bien.
Un niño atraviesa la plaza arrastrando los pies y nadie le presta atención, pues en el fondo es igual a todos los niños; a los que corren planeando con su velociraptor en la mano, a los que te saludan eufóricamente desde la ventanilla de un coche y se ríen como si estuvieran haciendo la mayor de sus travesuras o a los que, aburridos, hacen trompetillas con la boca, inventan canciones, se rayan los brazos.
Yo veo al niño arrastrar los pies y me dan ganas de imitarlo. Lo hago, pero disimuladamente y no sin antes voltear a mi alrededor para ver si nadie me está mirando. Me río avergonzada: qué ridículo temer al ridículo por hacer algo carente de explicación, como si la adultez fuera vestirse de porqués, aunque sean falsos y nadie se los crea.

II.
Qué horribles eran esos días, a los 16 o a los 23, en los que bastaba que la realidad temblara un poco para que yo sintiera abrirse un precipicio frente a mí y pensara: «Quiero morirme, quiero morirme, quiero morirme». Todo me acosaba: las decepciones amorosas, los tiempos de entrega, el dolor de cabeza de la clase de Husserl, el futuro intransigente, los chismes de pasillo, el regaño del jefe. La acusación parecía ser unánime: hiciera lo que hiciera, siempre estaba fallando.
Recuerdo haber pensado que quizá si me apuraba más, si me ponía más guapa, leía más libros y tomaba más clases, entonces podría llegar el momento en el que alcanzara al mundo y no le debiera nada. Pero claro, en seguida ocurría que me negaban una beca o que algún chico de cabello sucio juraba no volver a quererme y yo me volvía a derrumbar. Mis esfuerzos eran inútiles: hiciera lo que hiciera, seguía fallando miserablemente.
Luego todo salió bien. Y cuando digo que todo salió bien quiero decir que todo salió mal: no acabé un doctorado a los veinticinco, no encontré el amor, no se me apareció ningún mecenas y no hubo día en el que amaneciera con un cuerpo perfecto. La sorpresa fue descubrir que el resto seguía intacto: seguía malabareando ideas en mis ratos libres, escribiendo, enamorándome y abriéndole mi cuerpo imperfecto al azar y a las ganas.

III.
En alguna entrevista le preguntaron a Avital Ronell, filósofa contemporánea, sobre el sentido de la vida. Ella respondió señalando a unos perros: «A todo mundo le gusta que haya algo como un sentido, pero cuando ves a estos perros jugar, por qué reducirlo al sentido en vez de sólo ver la arbitraria erupción de algo que no puede ser asido o explicado, pero que sólo está en esta especie de absoluta contingencia de ser».
Claro. Imagino que justo en eso radica la sabiduría infantil con sus erupciones arbitrarias de vida sin sentido, de qués sin porqués. Al final, ¿qué es la vida sino una tautología? Se come por comer, se crea por crear, se vive por vivir. Los frutos de nuestras acciones no siempre llegan a nuestras manos, los propósitos cambian, los reconocimientos se pierden, las metas se desvían en el camino.
Así hay días. Así hay años. Los porqués rara vez resisten la tentación de caer. ¿Pero quién nos quita esos qués vacíos de significado pero llenos de sí? Como hacer trompetillas con la boca, como seguir corriendo incluso cuando ya se ha perdido la carrera.

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2 pensamientos en “Tautología de vivir

  1. A veces creo que querer llenar todo de significado es hacerse barreras para no sentir el mundo como deberíamos sentirlo: como niños. Luego me asalta la adultez y la sensación de vacío por falta de significados y pierdo porque no termino de aprender a cómo es vivir sin etiquetar todo de más.

    ¿Qué onda con las barreras, por cierto? ¿Sirven? ¿Cómo para qué? *Se acongoja y quiere morirse*

  2. comer por comer, crear por crear, vivir por vivir.
    las metas se desvían en el camino, así pasan los días, así pasan los años…

    disfruto tanto leerte, estoy contenta de haber descubierto tu blog.

Comentarios

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